Incluidos los arquitectos (2)
(…) El modo en que los Colegios profesionales y el propio Consejo Superior de Arquitectos de España están llevando a cabo las negociaciones de cara a dicha ley, dejará al descubierto su eficacia. Y en realidad su propio sentido como instituciones. Si son capaces de lograr una sana defensa de la profesión, su futuro puede aun tener sentido como organismo capaz de la defensa de los intereses, no solo de la profesión, sino de la misma sociedad. De lo contrario, junto con esa ley se habrá mostrado su propio fracaso y su más que merecida desaparición. Inevitablemente ambos hechos están encadenados. (…)
Pablo, pone sobre la mesa la coherencia argumental de la ley desde el punto de vista de la política. Es un tema de primer orden, ya que como acto político la liberalización tiene todo el sentido del mundo. Y sin embargo, hay un sentido de la responsabilidad de las tareas que la sociedad ha delegado en personas cualificadas para ello. No se exige a un zapatero que por mucho que sepa coser, cosa un corazón latiendo. Y no porque no sepa lo que es coser, sino porque la sociedad ha delegado en un círculo de personas llamadas médicos la responsabilidad de la vida y la enfermedad a cambio de que su formación, su ética y su esfuerzo sobre esa tarea los respalde. Esta delegación es un hecho cultural, del propio funcionamiento de la ciudad y la sociedad, donde se reconocen, más que las meras competencias profesionales, un sistema de convivencia donde gracias a vivir juntos, no todos tenemos ya la obligación primitiva de ser a la vez agricultores, cirujanos, zapateros, carniceros, zapateros e ingenieros…En ese sentido la tarea delegada a la arquitectura es cultural puesto que como especialistas, la sociedad ha delegado en su labor la de preservar y organizar la vivencia física de los hombres. Creo que dar forma a la vida de los hombres está por encima, como tarea, de la del puro mercado inmobiliario.

















